Yo he tenido
cámara desde niña, léase, he hecho muchos clics en mi vida. Nada formal, ni soy
clavada, ni cargo la cámara todo el tiempo (hasta el “esmarfon” que me permite
hacer clic si me da la gana en cualquier momento). Simplemente me gusta. Aunque
no puedo decir “me gusta” simplemente y asumir que se comprende lo que eso
significa. Básicamente porque el “concreto” del gusto va cambiando y a veces ni
yo lo identifico… al menos que me detenga tantito a palparlo.
Y de ahí, de
un detenerse, el por qué la clase de foto.
La historia:
Hace un par de meses estábamos la Gabita y yo viajando, tome y tome fotos.
Salió la conversa de que no habíamos visto las fotos de la otra del viaje del
año anterior… ni las del anterior al anterior. No las habíamos terminado de
seleccionar, procesar, ordenar. Yo ya no subía mis fotos al flickr o a
cualquier cosa red, ya nadie solía ver mis fotos (lento y con gusto al menos),
es más, yo misma casi ni las volvía a ver. Me di cuenta en esa charlita que en
este momento de mi vida yo no tomaba fotos por el producto, si no por el acto
mismo. Dije literalmente “la cámara me
ayuda a mirar, a observar de varios modos”. Viajar con la cámar y hacer
clic me pone en modo observador, me pone en modo atento, en modo curioso, en
modo experimental y descubridor. Y eso lo gozo. Y más que lo gozo, deja huella.
Regreso de la vacación viajera, y aunque ya no cargo con la cámara, me quedo en
modo ver, observar, descubrir. En modo lento y más del aquí y el ahora.
Y con eso me
daba, con ese modo. Pero la Gabita dijo, “pues hay que meternos al curso con
Mito para ver si hacemos algo con las fotos”. Y dije, pues bueno.
Así que la
respuesta literal al porqué la clase de foto es: Porque se le ocurrió a
la Gabita en un detenerse. Yo no tenía un porqué mío.
Sí, se me
antojó compartir algo “no trabajo iteso” con ella. Y sí, algo de intuición de
que con Mito “sería chido”. Solamente.
El para
qué nació con la clase del lunes, especialmente al ver el portafolio de
fotos.
Antes hablé
de que un “me gusta la fotografía” no puede quedarse en abstracto. Los gozos
son concretos. Pues en otra etapa de mi vida pertenecí a algunos grupos/redes
en línea de interesados en la fotografía. Compartíamos el trabajo, lo
criticábamos, nos dábamos tips. Con la mirada de los otros descubrí qué tipo de
foto me gustaba producir, hacer… crear. Y “crear” es la palabra clave. En esa
breve época yo gustaba de crear. Había una intención en el producto, una
búsqueda, experimentos. Eso lo gozaba. Crear algo mío.
Creo que una
de las razones por las que casi ni vuelvo a ver las fotos que tomo es porque no
me gustan. No estoy en la lógica de tomar la cámara para crear. No me voy a
sentar en el diván para encontrar las razones de ello, son simplemente etapas.
Yo estoy
ahorita feliz con tomar la cámara como pretexto para observar, atender,
descubrir el mundo. Y llevarme ese modo a la vida ordinaria.
Pero al ver
las fotos en la clase, se me antojó, desde ahí, desde donde estoy ahorita,
retomar la dimensión del crear. Crear desde la fotografía. Para llevarme el
crear la vida ordinaria, que deje huella. Ese es el para qué que construyo
ahorita…
A ver...